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Actividades

23 de Enero de 2012


actividad

RELATO ESCRITO POR DAVID

El armario fantástico

 

El día antes de navidad, mis padres me compraron de regalo, “un armario”, era de una madera muy brillante. Aquella noche, yo estaba a punto de dormirme, pero oí una voz que procedía del interior del armario, me acerqué con cautela y temeroso. Por un momento pensé que mi imaginación, me estaba gastando una mala pasada, abrí la puerta y de nuevo escuché la voz, “Quiero contarte la siguiente historia”.

 

Yo vivía en una gran casa, al principio la familia que allí moraba, tenía mucho dinero, estaban contentos con su próspero negocio. Se percibía una buena armonía, pero poco a poco el negocio fue a peor; los ingresos disminuyeron vertiginosamente, el marido cogió el camino equivocado, cada noche deambulaba de tasca en tasca.

 

Yo pagué las desgracias de la familia, escuchaba las discusiones que eran vociferantes, tenía que aguantar patadas que algunas veces me hacía mucho daño. Todas las noches venía el marido borracho, el aliento le olía que apestaba, las noches que oía la puerta cerrarse violentamente tenía miedo, me entraban ganas de llorar porque sabía lo que me esperaba.

 

Aparte de las patadas que me daba, me dejaba grandes bollos en mis pequeños departamentos. Con frecuencia, escuchaba los aterradores gritos de la mujer y los enormes golpes que le daba, me imaginaba la cara que le dejaba, llena de moratones, a mi  me daban pena pero no me salía ninguna lagrima porque soy un ser inerte.

 

La crisis aumentaba cada día más, la casa fue embargada por el ayuntamiento, aquel día tenia miedo,  no sabía  a donde iba a ir a parar. Al principio me llevaron en un camión para dejarme en un almacén, en el que había un señor mayor que se dedicaba a restaurar muebles. Se dedicó a quitarme todos los rasguños que  había recibido de aquel borracho que no apreciaba lo que había en esa casa y menos a su mujer.

 

Ese hombre que me cuidaba, tenía las manos suaves y frías, algunas veces descansaba, pues yo era grande y el anciano me dedicaba mucho tiempo y muchas veces le notaba la respiración acelerada. El almacén era enorme y estaba helado, era medianoche, el señor apagó las luces del almacén, las noches eran largas y frías y yo me quedaba helado. Oía los coches pasar por delante del almacén. Las horas pasaban lentamente y alguna rata andaba por el frío suelo y me olisqueaba la madera que estaba recién pulida.

El sonido de la persiana que se iba levantando, me anunciaba que ya estaba amaneciendo. Aquella mañana había niebla, una niebla densa que entraba por el almacén, y yo la notaba en mi madera, hasta que se bajaba la persiana. El hombre mayor tenía una tos de perro pero él tenía en su interior una valentía y un coraje que se salía de lo común.

 

El viejo hombre, ya estaba curtido en años y llevaba mucho tiempo arreglando muebles y armarios obsoletos. Cualquier otro carpintero me hubiera abandonado en la calle, para que la gente hiciese conmigo lo que quisiera. Yo tenía gran temor, pues hay bándalos que pegan patadas a todo lo que encuentran. Gracias, a mi amigo el carpintero, he recuperado mis estanterías pintadas de un azul claro que brilla por las noches.

 

Mi amigo, con gran tristeza, me puso en venta, ese día conocí a tus padres que se fijaron en mí. Yo notaba que los ojos de tu madre se clavaban en mi madera, me tocaron y vieron que estaba nuevo, me trajeron a casa y ahora, estoy  feliz y contento.



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